La fusión de las cajas gallegas

El asunto de la fusión de las cajas de ahorro en Galicia lleva camino de convertirse en el serial más largo y rocambolesco de la legislatura. La impresión general que produce en la ciudadanía es la de que sobre este asunto todo el mundo tiene algo que opinar pero nadie parece llevar la voz cantante. La Xunta de Galicia se mantiene, como nos tiene ya acostumbrados el señor Feijóo, en un discreto segundo o tercer plano, o cuarto si la cosa se pone fea y hay que mojarse. Y menos mal que sólo tenemos dos cajas de ahorros en liza en este asunto de la fusión o no fusión, pero ni por esas el gobierno del PP en la Xunta se decide a tomar las riendas del asunto.
El serial de las cajas de ahorros gallegas y su posible fusión (uno de los rumores recurrentes favoritos entre la prensa gallega desde hace años) pilló al presidente de la Xunta sin peinar. Recordemos ese gran titular que nos regaló el señor Feijóo este verano en una entrevista concedida a Xornal de Galicia: “Non teño criterio persoal sobre as caixas”, brutalmente sincero a la par que inaudito en un gobernante. Como no tenía opinión al respecto, el señor Feijoo optó por marear la perdiz, y eso en San Caetano se hace de una forma muy sencilla: encargando un informe.
El asunto de la fusión perdió fuelle mediático durante un mes, aprovechando el verano, el reinicio del curso político, los presupuestos y el caso Gürtel. Pero la estrategia del informe que no acaba de estar listo no fue suficiente para que la patata caliente de la fusión volviera a las manos del presidente de la Xunta. El Banco de España y los movimientos del mercado financiero se empeñaron de nuevo en complicarle la vida al señor Feijóo, al que ya no le servía no tener opinión al respecto porque ya había usado la excusa de la ignorancia. Tocaba emplear otro recurso dilatorio, así que el presidente optó entonces por la ambigüedad, ese “ni si ni no ni todo lo contrario”, “será lo que las cajas quieran”, “haremos lo mejor para Galicia y para los gallegos”, “el gobierno velará por los intereses de Galicia”, “habrá una o dos cajas gallegas”….
Todos estos grandes titulares que nos ha regalado el señor presidente y algunos de sus conselleiros en las últimas semanas lejos de aburrir la polémica acabaron por azuzar al personal. Cada uno interpretó según su entender la postura ambigua de la Xunta, que lo mismo servía para un roto que para un descosido, y se armó un belén de padre y muy señor mío que se ha convertido en el mayor marrón que Feijoo ha afrontado en lo que va de legislatura.
Sin saber el camino por el que trabajaba el Gobierno gallego con las cajas de ahorros (seguramente porque no existía tal camino), se alzaron voces de todo tipo a favor y en contra de la fusión, proponiendo fórmulas, advirtiendo de las consecuencias de unir ambas entidades, ofertando posibles nombres para la criatura resultante del apareamiento Caixa Galicia - Caixanova, marcando condicionantes de cara al futuro e incluso rechazos frontales al posible enlace.
Recordarán los lectores de La Otra aquel documento imprescindible que era “La voz de la calle”, obra de nuestro admirado don Santiago Rey, que también hablaba de este asunto. Contundente e incluso amenazante, el editor coruñés salía en defensa de su buen amigo José Luis Méndez, recordándole a toda Galicia que la tiene más grande que Julio Fernández Gayoso, (la caja de ahorros, se entiende). Así que ya advertía entonces don Santiago que en caso de fusionarse la caja de su amigo Méndez tendría que llevar la voz cantante.
Esta semana por fin nos enteramos de que la Xunta recibe al menos a los directores de las entidades, y eso nos deja más tranquilos. Pero resulta que al señor presidente uno de los novios le ha salido rebelde. El presidente de Caixanova no se fía (ya hace bien), ni de Méndez y su amigo de Sabón ni del presidente saltimbanqui que Feijoo ha demostrado ser en este asunto. Caixanova tiene un plan B, cualquiera le parece bueno con tal de alejarse de las zarpas de la caja hermana de A Coruña. A Caixa Galicia el desplante no le gustó ni un pelo, así que compuestos y sin novia gallega han quitado hierro al asunto asegurando que ellos también tienen pretendientes de repuesto.
El plan B que al parecer baraja la entidad coruñesa es, cuando menos, una aventura digna de Pocholo y la chica playboy en su furgoneta. Al parecer la novia que podría acabar con Caixa Galicia en el altar es Caja Madrid, con un par. Con la que acaba de caer en el PP por el control de la entidad financiera, (que no tiene el oso pintado de azul PP porque Esperanza Aguirre aún no ha reparado en el estilismo), al Indiana Jones de Caixa Galicia le parece una buena alternativa meterse en la merienda de negros que Génova tiene servida en Caja Madrid. Como poco, se nos ocurren un par de razones por las que salir corriendo ante esta idea peregrina: en Caja Madrid ya han perdido hace tiempo eso de la independencia y la aconfesionalidad política, es del PP y punto, así que cualquiera que se le arrime disfrutará del mismo estatus (por lo menos Caixa Galicia sólo tendrá que aclarar su loo un poco para alcanzar el azul que viste Génova).
Otra razón evidente contra el enlace, que imaginamos que Méndez la tiene muy presente, es su papel en la dirección una vez consumada la hipotética fusión Caixa Galicia -Caja Madrid. Si Rato es finalmente el elegido tras la refriega de Mariano Rajoy y Esperanza Aguirre, el financiero coruñés pintará más bien poquito en el puente de mando de la nueva caja. Méndez no le duraría ni un asalto a un ex ministro de Economía, ex vicepresidente del gobierno y ex gerente del Fondo Monetario Internacional, para ser realistas.
Las cosas se le han complicado mucho al presidente de la Xunta en este asunto de la fusión de las cajas, el reloj corre y la solución “gallega” que Feijóo prometió parece cada vez más difícil. Estas cosas pasan cuando no se afrontan los problemas cuando llegan, y se actúa al más puro estilo Escarlata O´Hara: “ya pensaré en ello mañana”.

